El sonido de una cerilla al encenderse... y de repente... todo explota
Algunos dirán que lo dejaremos a los dos días. Bueno, ya se verá. Otros dirán que nuestros escritos no valen un céntimo. Es el valor que les dan ellos. Unos dirán que esto es genial, y que se quieren quedar aquí. A ellos les digo que cojan unos cojines, y se acomoden en la alfombra, en esa esquinita (Sí, en esa), y beban lo que quieran, tenemos el mueble-bar lleno. Hay incienso con aroma a Fandom quemándose, y su aroma ya lo llena todo.
Sé que hay gente que va a apoyarnos. Y a esas, ya, gracias desde el principio. Ahora. Si os gusta Sirius Black pillad un babero, porque, a nosotras también. Y eso es peligroso.
Duchas frías, lecturas calientes
Sirius es chocolate caliente cayéndote por la tripa, lengua húmeda corriéndote por el cuello, palabrotas, cuero sudado y sexo apresurado contra una pared, en un rincón oscuro
Sirius es una sonrisa gamberra robándote cada ápice de tu control. Unos ojos de perro lastimado en el momento más conveniente. Una sonrisa seductora cuando sabe que no la necesita. Sirius Black es todo lo que una madre no quiere para sus hijas. Por que esa misma madre, lo quiere para ella.
El susodicho chico está en estos momentos en la ducha, caliente, muy caliente, y el agua fría, muy fría. Están en pleno enero, y sabe que Lunático le reñirá por ducharse en agua helada, pero, obviamente, no puede explicarle a él, con lo santurrón que nos ha salido, que se tiene que pajear porque la muy zorra de Diane Benson es una calientarrabos de la ostia, y promete mucho, pero no hace nada. La muy puta.
El agua le cae sobre el rostro, y el pelo mojado se le mete en los ojos, grises, que están, ahora, cerrados. Las gotas recorren su cuerpo. Ese cuerpo, que el Quidditch ha amoldado. Ese cuerpo que las chicas se mueren por tocar. Y a él, joder, a él le encanta que lo toquen. Pero, joder, tío, si lo tocan, que lo hagan bien y… hasta el final.
Pero, como a falta de pan, buenas son galletas, tiene que hacérselo solito. A sus años. Joder, él, que desde que empezó no para. Y ahora llega una estrecha y lo deja a medias. Si no fuese porque es un tío muy macho, y no un mariconazo de playa, la habría hechizado.
Y su mano se mueve, con rapidez. Brusca. Rápida. Ávida.
Y él lo siente. Siente que viene. Joder, que está a punto. El agua fría cae sobre su cuerpo, y, conforme su mano acelera, siente como le fallan las rodillas, y lo siente, joder, si, lo siente. Casi como una explosión. Se corre, y le parece increíble que las piernas lo sostengan.
Jadea, aliviado, y apoya la frente contra la pared de la ducha. De esa ducha donde se tiró a Jessica Pingle en el mes de octubre.
Y varias más que han pasado por allí. O por algún aula vacía. Algún pasillo oscuro. Cualquier lugar le parece bien, con tal de quitarse el calentón, esa rabia que lleva dentro y necesita sacarse de la manera que mejor conoce.
Los chicos ya están en la habitación, en sus posiciones habituales. James buscando en el mapa nuevas ideas para hacer la mejor travesura del año. Peter, adulándole, como a una especie de semi-dios. Y Remus... en su cama, leyendo. Cuando Sirius entra, no lo duda. Invadir el espacio terrenal de un lobo es algo que le divierte.
- ¿Qué lees?
Ya esta encima de su cama, como si nada. Camiseta medio levantada, rascándose el estomago, tumbado al final de la cama. El pelo despeinado, y las piernas abiertas con despreocupación. Y Remus siente algo en su interior. Es… una vibración especial. Y algo en sus mejillas. Un ardor, que nadie mas nota.
Remus carraspea. Su olfato de lobo capta el olor a vida. Olor a corrida, y sabe lo que, indefectiblemente, Sirius ha estado haciendo en la ducha.
- Es Sade-dice entrecerrando el libro, para que Sirius pueda ver el cuerpo de la mujer desnuda que hay en la portada.
Los ojos de Sirius relampaguean durante una décima de segundo, y luego estalla en carcajadas. Logrando que Remus lo mire confuso. Se cae. No. Se tira de la cama al suelo, dando una especie de voltereta hacia atrás, y acaba de rodillas en el suelo, con una enorme y traviesa sonrisa en el rostro.
- Eh, Cuernos.-llama a James.-Nuestro niño se nos ha hecho mayor-dice antes de soltar una de sus carcajadas como ladridos, estridente y casi sensual. Se estira, le arranca el libro de la mano a Remus y se pone a leer una línea al azar. -…estira las piernas separándolas, y, acostándose en la cama boca abajo, con su cabeza entre mis muslos, me besa el sexo mientras que, ofreciendo a mi compañera las nalgas más hermosas que puedan contemplarse…- se detiene. Mira a Remus. Ahora, James también lo mira. Incluso Peter tiene la mirada brillante. Deseosa de que lean más.
Remus carraspea de nuevo.
-Vaya, vaya, lobito, va a ser que te ponen las monjitas putonas…-dice con una nueva carcajada.
Sacude la cabeza. Lee un poco más y suelta un suspiro.
-Joder, yo también quiero follarme a una rubiaza de ojos azules.-dice luego, antes de lanzarle el libro a Remus, que lucha con todo lo que tiene, para no sonrojarse.-Es que, Lunático, desde que lees al que inventó el sado… te me vas a volver un poco rarito…-añade con una traviesa sonrisa, antes de meterse en cama.
Remus carraspea, otra vez, muy digno, y lo fulmina con la mirada.
-Para mi es un tipo de literatura como otro cualquiera-dice con frialdad.-Cuando madures, a lo mejor, te das cuenta.-dice.
Sirius gruñe por lo bajo. Lunático será todo lo rarito que quiera, por leer libros sobre monjas pervertidas, y todo lo que tú quieras, y eso que parecía santurrón el niño… Pero, el muy jodido licántropo, sabe dar donde duele.
Frente al lago del colegio, bajo un árbol, Lily Evans se sorprende de las mil y una historias de Remus. Por que Remus es el santo. Remus es el “que estudia”. No es como los demás chicos, y con él, Lily se siente bien. Por que con un libro, un Merodeador castaño, y sin “Potter y Black”, ella estaba bien.
- No se como les aguantas.
Era el tema habitual. La Interminable historia de cómo el bueno de Remus Lupin acabó formando parte de los Merodeadores, sus mejores amigos, Capitulo nº 780. Ella no conseguía entenderlo. El por que de Remus para ayudarles. El por que de Remus para salvarles el pellejo. No lo sabía.
- Cuando te acostumbras al desorden y a oírles destrozar a los Stones en la ducha, se puede llevar bastante bien.
- ¿Tan mal cantan?-dijo Lily, con una sonrisa pícara, sorprendida.
Remus se quedó pensativo. Sus ojos castaños mirando al horizonte, y sonreía. Por que recordaba el momento en el que había empezado a gustarle Eric Clapton. Y no fue cuando Sirius insistió las mil y una para conseguir poner Layla. Por que escuchar a James y Sirius cantar a coro Cocaine en la ducha, era una de aquellas cosas en el mundo que no tenían precio.
- Digamos que tienen el sentido auditivo algo desajustado… Es mejor suavizarlo. No querrías saber la serie de catástrofes que se suceden cuando se les ocurre hacer esas atrocidades.
- Lunático, tu no es que seas una maravilla a la hora de la “interpretación oral”. Ahora que lo dices, tú no cantas en la ducha.
Sirius había aparecido por detrás. La corbata del uniforme hacía funciones más típicas de una bufanda, colgando alrededor de su cuello, y los tres primeros botones de la camisa estaban desabrochados, así como los tres últimos. El pantalón caía justo en la cintura, dejando a la vista parte de ésta. Por que para Sirius Black, nunca era invierno.
- Y te aseguro que no querrías oírme destrozar a los Stones en la ducha, Canuto.
- O sí, Lunático, o sí.
Y a veces, Remus pensaba, y tampoco sabía por que les salvaba el pellejo. O por que no podía evitar ayudar a Peter con los deberes a la más mínima. O por que le dejaba su gramófono a Sirius cada vez que un nuevo disco le llegaba, o quería escuchar alguno otra vez. O por que le daba consejos a James sobre “Manual para ligarse a Lily Evans”, tan sólo por que ellos son amigos. Lo que menos entendía, era por que le seguía el juego a Sirius, cuando sabía que no ganaría, por que le dejaba sin respuestas. Sólo se le ocurría una palabra: Merodeadores. Y aquello, lo decía todo.
Porque es un perro con malas pulgas y pelo negro. Porque es el tío que mejor besa de Hogwarts y parte de Escocia. Porque está más bueno que el pan con mucho chocolate, o que ese mismo chocolate resbalándole por la tripa. Porque tiene un culo escultural al que deberían hacerle un hueco en la Nacional Gallery. Porque el pensamiento más puro que despierta es el de arrinconarlo contra una pared y lamerle el cuello mientras le desabrochas la camisa. Por eso, Sirius Black, es a veces, en opinión de sus amigos, la cosa más insoportable que hay en el universo. En opinión de sus amigos.
Por eso se levanta de la cama como si fuese la última bebida del castillo, y se plantó, en pelotas en medio de la habitación. Porque si. Él duerme desnudo, como su madre lo trajo al mundo, y deberíamos dar todos gracias a Walburga por haberlo parido.
Además, cuando camina hace todo el ruido que puede, y más. Porque todo el mundo debería tener la obligación moral de mirarlo. Y sus amigos lo miran, porque joder, una representación, más o menos lograda, del David de Miguel Ángel en medio de la habitación de los chicos de Quinto de Gryffindor debería dar para una tesis doctoral, al menos.
Pero a James le importa poco que su mejor amigo casi hermano esté de pie delante de la estufa, en pelota picada.
— Canuto, ¿Te has vuelto gilipollas o se te resfrió la polla al dormir desnudo?
— Ais, Cuernos… si me levanto contento me riñes, si no me levanto me riñes más… no hay quien cojones te entienda —le suelta con voz de niño pequeño.
— ¿A santo de qué te has levantado a las putas seis de la mañana? —el hecho de que se acercase la luna llena no tenía NADA que ver con la mala ostia que se gastaba el lobo esa mañana. Qué va.
— Yo tengo un sueño… —empieza Sirius.
— Canuto, si vas a empezar a parafrasear a Martin Luther King para defender los derechos de la gente de color en los Estados Unidos vístete —le suelta Remus.—O si no métete en la puta cama y déjanos dormir. —que va, Remus era la madre Teresa de Calcuta, coño.
Sirius esboza su sonrisa canina, esa que hace que a las chicas se les caigan los libros y las bragas en menos de diez segundos.
— Os hago una apuesta—dice cruzándose de brazos.
— ¿Nos has despertado a las seis de la mañana para hacernos una apuesta? —pregunta Peter asomando la nariz por encima de las mantas.
— No es una apuesta cualquiera, Pet —dice Sirius con ese tono soñador que sus amigos han aprendido a temer. —Os apuesto a que me follaré a todas las tías de Hogwarts, menos a Lily—especifica mirando a James— antes de junio.
Remus chasquea la lengua y frunce levemente el ceño.
— A las de primero tampoco—se apresura a explicar Sirius.
Los ojos de James brillan divertidos. Una vez sabe que Lily está a salvo empieza a interesarle la apuesta de su mejor amigo casi hermano.
—¿Y si no lo consigues? —pregunta, tentándolo con la posibilidad de la derrota.
Sirius esboza una sonrisa que dice que tiene todas las de ganar.
— Te regalo mi escoba —suelta como si tal cosa.
James asiente y se vuelve a tumbar.
Sirius camina hacia la ducha, haciendo que hasta las paredes tengan ganas de derretirse a su paso. Está bueno y lo sabe. Y de lo demás, nada importa.
Tenía que ser el mejor que se había visto jamás, el que mas sorprendiese, el que más le pudiese gustar por encima de todas las cosas, algo que le entrase en el corazón y no se le borrase tan fácilmente. Debía ser algo… Espectacular. De otro planeta. La dejaría tan sorprendida que de esta vez ya no pasaba. Si, el regalo para el cumpleaños de Lily Evans debía ser lo que más había estudiado en su vida. No recordaba haberse tirado nunca tardes y tardes, tirado en una cama, pensando que comprarle a esa pelirroja que le tenía robado el corazón… Y gran parte de sus neuronas. Por que todas estaban ocupadas en ella.
Ahora solo quedaba una cuestión, la más importante. Algo crucial en este asunto. Una cosa de la cual no se puede olvidar uno tan TAN fácilmente. ¿Qué regalarle a Lily? Eso es un grandísimo problema. Pero hay alguien que le puede ayudar…
- Lunático… ¿Sabes que ese peinado te sienta de maravilla?
- Gracias, Cornamenta, muy amable. Ahora dime que quieres.
- Nada… Nada, Lunático, ¿Por qué iba a querer yo que me ayudases a escoger el regalo de cumpleaños de Lily? Nada, es una completa locura, si tu apenas la conoces, no sois amigos ni nada de eso…
- Jaaaaaames…
- …lo que se me ocurra, aunque seguro que no le gusta, como siempre…
- Jaaaaaaaaaaaaames…
- … Y claro, seguro que me muero solo…
En ese momento, entra Sirius en la habitación, y se sienta, o mejor dicho, se deja caer, al lado de Lunático, mirando a James en su monologo personal. Esa escena le recuerda a algo. Al cumpleaños anterior de Lily. Y al anterior. Y a las navidades pasadas. Al San Valentín pasado. Si, de algo debía sonarle el discurso de James. Seguro que ya lo tenía estudiado, ese ciervo con memoria, que cabrón. Conseguía prácticamente todo lo que quería con su cara, aunque precisamente aquello que más anhelaba, era lo que no conseguía. Aún.
- ¡¡JAMES!! ¡Te ayudaré! ¡Pero deja de recitar el drama de Cómo no conseguí ligarme a Lily Evans!
- Lunático… Lunático… ¡¡Te quiero, Lunático!!
James se lanza encima de Remus, dándole un abrazo que casi aplasta al licántropo. Remus le repite una y otra vez su clásico: No es nada, James, no es nada… Pero James siente la necesidad de hacerle ver a Remus lo agradecido que está. Y mientras, Sirius mira la escena, sonriendo como pocas veces lo hace, pensando en como lo hacía la pelirroja para no decirle que si a la primera. No es que James fuera como su hermano, y por eso le quisiese más de lo normal, pero James es un jodido partido, y algún día, Evans lo descubriría. Por mis pelotas.
Un día como cualquier otro, en la biblioteca, con Remus. Lily sabía que él se había acordado, por que Remus jamás olvida una fecha especial. No es que se las aprenda, ni que tenga una mente increíblemente superior. Es que le entran, por que son especiales. El cumpleaños de Lily, el de James, o el día que Sirius descubrió a los Rolling Stones. Son fechas que Remus recuerda por lo que implican, y Lily lo sabía. También sabía que ese Potter se habría olvidado, e intentaba que no le importase. Y no, a ella no le importaba, ¿Por que tendría que importarle a ella? No, no le importaba.
Y Remus estaba delante de ella, estudiando. Mirando su reloj de muñeca cada cierto tiempo, como si esperase algo, y a Lily le empezaba a picar la curiosidad. Por que Remus solía ser tranquilo. Y no lo estaba siendo.
- Remus... ¿Pasa algo? ¿Esperas a alguien?
- ¿Esperar? ¿Yo? ¿A alguien?-Remus soltó con nerviosismo.
Lily no era tonta. No era nada tonta, de hecho. Y Remus nunca se ponía nervioso a no ser que ocultase algo. Como cada vez que ella se preocupaba por la salud de su madre; como cada vez que le preguntaba por los motes con sus amigos.
-No, Remus, es que a lo mejor me ocultas cosas y no quieres que te lo saque… pero no dudes, cielo, que sea lo que sea, te lo sacaré.
- Sería lógico que lo descubrieses, si realmente te estuviese ocultándote algo…
Y sonreía, de esa manera que pocas veces se veía sonreír a Remus. Sonrisa pícara, pero adorable, por que cuando Remus sonreía ya se podía hundir el mundo que no pasaba nada. Y Lily entonces supo que no se lo sacaría, y que tendría que aguantarse un poco, y por la manera de Remus de mirar el reloj, no parecía que fuese a ser demasiado.
Al cabo de una hora, James entró en la biblioteca, solo, sin Sirius, cosa que empezó a extrañar a Lily. ¿James sin Sirius en la biblioteca? Que sería lo próximo, ¿Remus jugando al Quidditch como buscador?
La pelirroja siente una sacudida violentísima en la espalda, al darse cuenta de que James Potter se aproxima. De hecho, va derechito hacia donde ella y Remus ¿estudian? Bueno, si, algo de eso.
Intenta, por todos los medios, no mirar como se arquean sus piernas al caminar, como su acabase de bajarse de la escoba, y no quiere imaginar como se le marcará el culo dentro del pantalón del uniforme. Porque a ella no le interesa lo más mínimo James Potter. Solo se lo queda mirando a veces porque sus hormonas le juegan malas pasadas.
Si, Lily. Eso debe ser.
- Evans, ¿Quieres casarte conmigo?
Y lo dice como las cinco mil ochocientas noventa y cuatro veces anteriores que se lo debe haber dicho. Pero cuando Lily va a reprenderle como todas las veces anteriores, cambia su cara, y la sorprende.
- Bueno, no, no venía a decirte eso, por que eso ya te lo he preguntado muchísimas veces. ¿Vienes a la sala común, Remus? ¡Sirius esta dibujando en la pared un Snivellus gigante! Lily, ven tú también, ¡es alucinante!
La chica pone los ojos en blanco y suspira. Remus parece dispuesto a irse con Potter. ¡Espera! Remus se ESTÁ YENDO con Potter. Soltando un gruñido desde lo más hondo de la garganta, se pone de pie y sale de la biblioteca detrás de su mejor amigo y de Potter.
Quiere, pero no puede apartar la mirada del pantalón de Potter, que le cae flojo en el culo, y se le marca cada vez que da un paso. Sabe que no debería estar mirando eso. Pero no puede evitarlo. Aprieta con fuerza los libros contra el pecho e intenta concentrarse para contar las rendijas de las losas del suelo. Pero no puede mantenerse por mucho tiempo.
A veces se pregunta por qué lo mira. Y se responde a sí misma. Porque sería imposible no mirar a Potter. Su ego ocupa el espacio vital de Hogwarts en general, Gryffindor en particular, y el suyo en concreto.
Llegan al séptimo piso, y, tres pasillos antes de llegar a la entrada de la Sala Común, James la agarra de la cintura y, sin que ella pueda forcejear demasiado; porque sabe que hacerlo es inútil, la encierra en un armario de escobas. Mejor dicho. Se encierra con ella en un lugar donde supuestamente no caben dos personas.
- Ehm… Una pregunta, Potter, ¿Qué haces?
- Creí que estaba claro, Lily. Encerrarme contigo en un armario de escobas.
- Muy gracioso Potter. - Lily le va a pegar cuando, de repente, y sin que le de tiempo a asimilarlo todo a la vez, James le agarra de la muñeca, ella pierde la respiración momentáneamente, se abre la puerta, y allí están Sirius, Remus y Alice con un gran pastel y la Sala de los Menesteres decorada para ella, con un gran cartel de letras enormes: “¡Felicidades Lily!”. Pronto, estaban gritándole un fuerte: “¡Feliz Cumpleaños, Lily!”, mientras ella seguía en el armario con su muñeca en las manos de James. Aunque claro, aquello no quería decir nada. Simplemente, que Potter era demasiado rápido, y se la había cogido antes de poder alcanzar a pegarle.
- Vaya, Cornamenta, por fin has podido coger algo a Lily que no sean sus chistes…
James sale del armario, en un intento de defender su orgullo. Se acerca a Sirius unos pocos pasos.
- Muy gracioso, Canuto. A ver si para la próxima te caes de la escalera mientras preparas la sala.
Sirius pone cara de cachorrito abandonado, de la forma más teatral que puede. Esa cara con la cual no hay nadie que se le pueda resistir.
- ¡Ven aquí y dame un besito, James! ¡Si yo te quiero!
-Quita chucho-dice James librándose de Sirius como quien no quiere la cosa. Mira a Lily, entre a la defensiva y esperanzado.-¿Me partirás la cara si te doy las felicidades?
Lily no puede evitar esbozar una media sonrisa, mientras se gira hacia Alice y Remus, sus dos mejores amigos, que la miran casi con cautela, como si fuese a explotar por momentos.
-¿De quien ha sido la idea?-pregunta con suavidad. ¿Enfadada ella? Ni de coña. Le encantan las fiestas. Y las sorpresas.
Cuatro dedos acusadores (el de Remus, el de Alice, el de Sirius y el de Peter) señalan a James, que parece encogerse sobre sí mismo.
Lily ensancha su sonrisa conforme se acerca a James, que retrocede medio paso. Sabe que, por muy valiente que sea, esa pelirroja, SU pelirroja puede pulverizarlo.
Pero ella se limita a esbozar una sonrisa, ponerse de puntillas, MUY de puntillas, y darle un beso en la barbilla.
-Gracias, Potter… nunca nadie había hecho algo tan bonito por mí.
Continuará....